“Aprovecharon la distracción del Mundial para aprobar 9 leyes en 1”, decía la gente y varios medios de comunicación mientras en las empresas, bares, restaurantes, calles y hogares de Panamá, el pueblo vivía la pasión del fútbol.
No es mi intención hablar en este texto sobre temas políticos, si no más bien aprovechar el momento de confusión que se vive en el país, para llegar a la conclusión de que realmente Panamá, durante más de un mes, dejó salir a la luz el inmenso amor que tiene por este hermoso deporte donde se combinan colores, razas, sentimientos y salen a relucir innumerables banderitas, distintas a la de nuestro país, en autos, teléfonos celulares, programas de chat y demás.
Tanta es la pasión, que incluso la gente llego a discutir eufóricamente con vecinos, amigos, compañeros de trabajo, de estudio, familiares, parejas o hasta desconocidos y sus propios jefes, sus interminables y a veces hasta inexistentes razones por las cuales “su equipo” era el mejor.
Y es en este momento donde me pregunto: ¿su equipo?
Puedo entender que la gente se apasione y se deje llevar por el gusto o el afecto que le tengan a cierto país o estilo de juego, o jugadores específicos, pero lo que jamás entenderé es por qué la población panameña, de manera general y mayoritaria, no ha vivido la misma pasión por la Selección Nacional. Muchos responderán, “Es que Panamá no va al Mundial”, otros más severos dirán “Es que ese equipo no sirve”, pero lo que más me impresiona, es como para la mayoría, es una utopía o una burla insinuar que Panamá, tiene con que ir a un Mundial.
Señores, ¡Abramos los ojos!. Desde 1998, la FIFA aprobó la ampliación de equipos que participan en un Mundial de 24 a 32, precisamente para darle más oportunidad a otros equipos y confederaciones que merecían mostrar su crecimiento deportivo y futbolístico, por lo cual CONCACAF obtuvo un tercer cupo. El mismo fue aprovechado en Francia ‘98 por Jamaica y en Corea y Japón 2002 por Costa Rica, creo que está de más decir que los otros dos clasificados fueron las dos “potencias” de la confederación, México y USA.
Desde Alemania 2006, CONCACAF cuenta con 3.5 cupos, es decir que el cuarto mejor equipo de la eliminatoria tiene derecho a ir a un repechaje, que en este fue aprovechado por Trinidad y Tobago quien dejó en el camino a un modesto equipo Asiático (Bahréin), y un tercer cupo directo, que aprovechó Costa Rica.
Para el reciente Mundial de Sudáfrica 2010, se mantuvo el cupo de repechaje, pero en esta ocasión se estipuló que el mismo sería disputado contra el quinto mejor equipo de CONMEBOL (Sudamérica). Esto dejó por fuera a Costa Rica al enfrentarse con Uruguay, quien obtuvo la cuarta posición en el Mundial. Quien gozó por sus meritos del tercer cupo, fue la modesta selección de Honduras.
A lo que quiero llegar con esto, es a una pequeña reflexión, que iniciaré con una pregunta. ¿Por qué Jamaica, Costa Rica, Trinidad & Tobago y Honduras pudieron ir a un Mundial y no Panamá?
La respuesta para mi es sencilla, “Porque no creemos en nuestra Selección”.
Así de simple, el panameño ama a su país, defiende a capa y espada a la patria contra cualquier extranjero que tenga algo negativo que decir o aportar, ¿Pero por qué no pasa lo mismo con la Selección? ¿Será que este problema afecta también a los jugadores? ¿Será que el hecho de que el panameño no confíe en su equipo y en su fútbol, hace que el mismo jugador se sienta desanimado y no lo deje todo en la cancha?
Solo hay una forma de comprobarlo. Tenemos que creer, tenemos que confiar, tenemos que cambiar esa manera negativa de expresarnos hacia el equipo. Todos recordamos la campaña del ¡Si Se Puede! de los mexicanos y si que han podido.
Sé que son muchos los factores que nos hacen, futbolísticamente hablando, diferentes a México o USA, pero sigo creyendo fielmente que el merito de ir a un Mundial, va de la mano con el esfuerzo, las ganas, la fe y el apoyo en general. Hay que creer señores. ¡Hay que creer que si se puede!, hay que creer que si se podrá. Brasil 2014 nos está esperando y el camino comienza hoy, tenemos que mentalizarnos desde ya, todos unidos por un solo equipo, un equipo que nos identifique como país, como patria, que la bandera que pongamos en nuestros autos sea la nacional, que el día que Panamá clasifique, podamos reunirnos por todo el país y escuchar la canción del Maestro Rubén Blades de fondo que se ha vuelto como un himno para momentos tan preciados, como la recuperación del Canal, la defensa de títulos de nuestros campeones mundiales de Boxeo o nuestra primera medalla de Oro en los Juegos Olímpicos.
Unámonos todos bajo este mismo deseo, bajo esta misma ilusión. Creamos en ella, creamos en nuestra casaca roja, dejemos de lado las diferencias, la política, los problemas y seamos una sola voz de apoyo a NUESTRA selección.
Que el himno panameño se escuche en los estadios de Brasil y nos haga sentir escalofríos de emoción.
¡SI SE PUEDE PANAMÁ! BRASIL 2014 NOS ESPERA.
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